Sobre el tiempo
Jueves, Junio 19th, 2008Es díficil escribir, dibujar, bailar, o crear (en la forma que sea) cuando se está bien. Inspiran los problemas, las dificultades de tu vida. Inspiran los errores, los fracasos, las lágrimas.
Me he equivocado, he fracasado, he llorado. Tengo material más que de sobra para escribir, para dibujar.
Ahora sólo necesito tiempo. Ahora estoy bien, es mi momento de disfrutar de ese bienestar. Por fin las cosas vuelven a su sitio. Por fin las personas vuelven a su sitio.
Es mi tiempo de aprender. A dibujar no, a escribir tampoco. Es mi tiempo de aprender a quererme y a querer los trabajos que hago. Entiendo que nunca le gustaré a todo el mundo. Pero estoy aprendiendo la lección más valiosa de cualquier dibujante: lo importante no es gustarle a todo el mundo, lo importante es gustarte a tí mismo.
Podría dibujar otras cosas, sí. Tengo técnica más que de sobras para dibujar “en serio”. Podría sacrificar lo que quiero ser en el mundo del dibujo por lo que podría llegar a ser en el mundo del dibujo. Podría venderme. Imaginad que lo hago.
¿Qué pasaría entonces si yo no gustara a la gente?
Entiendo ahora que tengo que escribir y dibujar lo que yo quiera escribir y dibujar. De tal forma que, pase lo que pase, siempre tenga una lectora fiel a la que le encante mi trabajo (yo). Porque que yo decida venderme no significa que haya alguien que quiera comprar.
Hace tiempo que decidí no volver a dibujar un sólo personaje basado en una persona real, aunque esa persona real sea mi pareja o mis amigos. Porque nunca sabré por cuánto tiempo serán mi pareja o mis amigos. Cuando tomé aquella decisión lo hice por despecho; porque no quería que una persona ajena a mí volviera a decidir lo que puedo y lo que no puedo dibujar.
He olvidado el rencor y el despecho, he dejado atrás el dolor y la rabia (bueno, casi. Estoy en ello) y estoy aprendiendo a perdonar. Estoy aprendiendo a volver a querer a unas personas que decidí dejar atrás hace tiempo. Y aunque el hecho de volver a quererlas no vaya a hacer que cambien las cosas (al menos, por mi parte no tengo intención de hacer nada a tal efecto) eso hace que me sienta feliz de nuevo.
Y, ahora, desde cero, desde limpio, conviene que vuelva a decidir: ¿Me mantengo firme en mi decisión de no basarme en personas reales? Ahora toca contestar sin rencor, sin rabia, sin odio.
Y mi respuesta es sí. Me mantengo firme en mi decisión.
La única diferencia es que ya no es una venganza. Es, sencillamente, lo que me apetece hacer ahora.
Hay cosas ya en marcha. Hay personajes nuevos, que aunque aún no existan de forma totalmente definida, ya sé quiénes son, cómo actúan. Como los personajes de una novela. Empiezan a tener peso, forma. Empiezo a quererlos a ellos también.